Barranco de las Palomarejas y Barranco de la Pardala – Sinarcas

       Cuando el amigo Tomás me vino entusiasmado con dos hojas que había encontrado en Internet la verdad es que mi primera reacción fue la de echar un vistazo a otras que llevaba en la mano sobre Enguídanos, que ya conocía, y en las que desespero en poder volver en poco tiempo.
       Quizás sea el orgullo de creer que uno ya sabe más o menos lo que hay por ahí. Me refiero a que puedo presumir de tener una buena biblioteca montañera y que más o menos ya tengo ó creía tener controladas todas las montañas, barrancos, ríos, etc, con los que podemos disfrutar.
       Ante su insistencia me senté a encenderme un cigarro (ya sé que eso en la montaña es políticamente incorrecto) y echar un vistazo de rutina a esos papeles. Coincidió la primera calada del cigarro con la primera mirada a las hojas y fue tan grande la primera impresión que olvidé coordinar la entrada del humo en mis pulmones y casi me muero tosiendo.
       Medio mareado volví a coger los papeles y allí estaban las instrucciones para llegar a aquel fantástico lugar y un mapa que a mí se me antojó el mapa del tesoro. Alcé la mirada para buscar la de Tomás y allí no estaba él, pero si alguien muy parecido, con un parche en el ojo, una pata de palo y un loro en el hombro. Era el pirata “John Silver” Tomás dispuesto a conducirnos a la busqueda de tan insospechadas riquezas.
       No fue dificil encontrar al resto de la tripulación y juntos embarcamos en Buñol en medio de una gran algarabía. Alguien, demasiado metido en el papel, quiso cargarse al hombro a Pili, la preciosa tabernera que antes nos había servido unos buenos carajillos (de ron, por supuesto).
       Hubo que meterle un buen sopapo y recordarle que nosotros éramos piratas de río… ¡gente de orden, vamos…!
       Dirigimos nuestras naves al pantano de Benageber, a través de pistas que nos dejaron en la zona recreativa del Charco Negro, bañada por el Regajo, y centro de operaciones de los dos grandes objetivos del día: los barrancos de Palomarejas y de la Pardala.
       Para el primero hay que remontar la corriente en dirección Sinarcas y para el segundo es justo lo contrario hasta que el río se pierde en el pantano.
       Un paisano, como estaba nublado, nos avisó que el Palomarejas podría ser peligroso si llovía. Nosotros, como buenos imprudentes que somos e ilusionados como estábamos allá que nos fuimos primero y la verdad es que acertamos. No llovió, no hubo peligro y lo pasamos en grande.
       Como buenos piratas la disciplina duró el primer kilometro. Fue encontrar el primer estrechamiento del agua y lanzarse todos al agua como una jauría de locos:
“¡esperar, que tengo que ir haciendo fotos“…
       “¡Y un par de puñetas!” allí no quedó nadie, abandonándose todos a la lujuria del lugar… ¡Solo mi fiel Jose Gasolinero y el amigo Juan!
       Por cierto, había que ver disfrutar del agua a Juan con su bigote de obrero estalinista como si hubiera sido premiado por el Politburó con unas vacaciones en un balneario del Mar Negro…bueno… del mar…dejémoslo en un balneario del Charco Negro. El hombre iba suicidándose de poza en poza al grito de “Viva la República”.
 ¡Cuanta felicidad!
       Y no solo la de él; el paraje nos subió a todos la adrenalina colectiva de estar pasando un gran momento.
       El río se iba estrechando y nos mostraba sus cañones, nosotros respondíamos disparando con nuestras cámaras, las paredes se estrechaban más y más (alguien sobreactuando llego a exclamar “nos aplastarán” hasta que se le hizo ver que las paredes no se movían). Eramos los piratas del mar Caribe…perdón los piratas del río Regajo. Hasta se aparecieron tres piratas fantasmas… ¿no me creéis?… ¡consultad la foto de abajo y luego me lo contáis!
     Por momentos se nos aparecían animales extraordinarios que nunca habíamos visto (insectos de formas increíbles). Tuve un momento antológico imposible de captar con la cámara (a buen recaudo del agua en las bolsas impermeables): y es que con solo mi cabeza sobresaliendo del agua entre las estrechas paredes se me abalanzó un ejercito de libélulas en perfecta formación y que vistas de frente semblaban los helicópteros de Coppola en Apocalipsis Now. Hasta se me antojó que se escuchaban los principales acordes de Wagner y su Cabalgata de las Walkirias.
     Nos reagrupamos todos en el momento de mayor desenfreno y en el que se competía por las mayores burradas. Ana, melancólica, nos observaba desde la parte superior de un tronco encajado en el encañonamiento. Yo creo que, después de habernos invitado a finales de agosto a una fondue y no se que extraña palabra francesa más, se arrepentía imaginando con esta panda de burros como podrían quedar las bonitas paredes de su comedor llenas de restos de queso y chocolate.
       Cuando el barranco terminaba y el río discurría plácidamente por tierras de Sinarcas, camino de la ermita de San Marcos, decidimos dar media vuelta y volver a disfrutar de cada metro cuadrado de aquel fascinante paraje.
       Comimos y nos encaminamos a la Pardala, la última perla del Caribe, digo del Regajo, antes de entregar sus aguas al pantano.
       La ruta era preciosa hasta el Charco Negro pero el nivel de embrutecimiento y el ron habían hecho estragos y en un acto de rebelión, la mayor parte de la tripulación, abandonó la marcha y se dejaron seducir por la erótica llamada de las aguas. Una maravillosa poza bañada por una cascada y una cueva fue el escenario de las últimas pillerías.
        Se celebró el tradicional concurso de saltos y esta vez ganó a los puntos el amigo Manolo con un último salto de locura. Tomás dijo que si le había picado una avispa. No te preocupes Tomás, no fue una avispa, fue tu ángel de la guarda que tiene más sentido común que el de Manolo, que por cierto ya se había lanzado al agua un minuto antes de que éste se decidiera.
        Y así, rendidos, nos volvimos cargados de tesoros para Valencia. Por la autovía, el grito de un canto colectivo apagaba los ruidos de los coches:
   ¡Ron, la botella de ron! Ron, ron, ron… la botella de ron!

Pinchando en la foto de abajo tenéis acceso a un pase de diapositivas de la ruta:

2007_07_21 Palomarejas Pardala

En verano de 2010 volvimos a este sobrecogedor paraje. Os dejo un enlace con nuevas fotos:

https://acelobert2010.wordpress.com/2010/10/29/barranco-palomarejas-sinarcas/

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8 comentarios en “Barranco de las Palomarejas y Barranco de la Pardala – Sinarcas

  1. Como muy bien describes, casi todos iniciamos la incursión en un río desconocido, sin saber lo que allí nos íbamos a encontrar, no sería imposible de atravesar, sencillamente sería para disfrutar.Si algo sucedió ese día, fue que todos disfrutamos mucho. Casi me atrevería a decir que nadie disfrutó como yo…Gracias Paco.

    • En todo caso es una estupenda opción para no perderle el pulso a la montaña en los tórridos veranos valencianos. En años de mucha agua es impresionante y… lo mejor… lo puede hacer cualquiera que sepa nadar. Un saludo

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