Montanejos – El Sendero de los Estrechos y los Castillejos

   No sé qué tiene Montanejos
   que sabe siempre pulsar el botón
   de la máxima sensibilidad
   de mi máquina de las emociones.
   En realidad, no sé qué tiene Montanejos,
   si nunca he estado en Montanejos.
   Bueno, eso no es del todo cierto.
   Debo haberme acercado millones de veces.
Es tan enorme el poderoso influjo de su Naturaleza
que nunca me he detenido a pasear por sus rincones.
   Y aparco el coche y, a la que me despisto,
   ya estoy paseando por sus alrededores.
   Y asi consumo las horas cuando voy a Montanejos.
   Cuando me doy cuenta ya es de noche y digo
   ¡mecachis, tendré que volver otro día!.

   ¡Me he quedado sin estar en Montanejos!

   Y no sé qué tiene Montanejos,
   aunque dicen que tiene un Balnerario.
   De eso puedo dar fe,
 se llama el Barranco de la Maimona,
   y de eso ya hablaré otro día.
   No sé qué tiene Montanejos,
   que activa como nadie
   ¡mi imaginario cinematográfico!
   Tendrás que explicarnos eso,
   quizás te habrás preguntado.
   Puede que lo haga en otro momento.
   Y no sé qué tiene Montanejos,
   que es tan grande lo que allí encuentras
   que te abandonas al deleite
   de la mera contemplación.
   Siempre agotamos mucho la vista
   y son las piernas las que poco se quejan.
   ¡Menos mal que no trabajamos en Montanejos!
   No sé qué tiene Montanejos que
   por enésima vez fuimos el otro día.
   Y no sé qué tiene Montanejos…
 ¡con el agua que caía!
   Fuimos ambiciosos y todos tuvimos un deseo…
   “hoy nos acabamos Montanejos”.
   ¡Tendremos que hacerlo otro día!
     Después de dos largos meses de lluvias y reunidos en nuestro cuartel general del albergue de escaladores, nunca hubo mayor consenso y más unanimidad con dar comienzo a una ruta:
 ¡Al diablo con el agua!
     A sus espaldas nacen los cuatro mejores senderos de Montanejos: La Maimona, la Bojera, los Castillejos y los Estrechos. Puedes elegir hasta con el “pito, pito, colorito, dónde vas tú tan solito…”
¡Ninguno te decepcionará!
     Estoy por decir que no hay un lugar en toda la Comunidad Valenciana con una oferta tan irresistible para caminar…
 “…por la senda verdadera, pin, pon, fuera”
     Nuestro dedo, tras el juego, se detuvo en el de los Castillejos.
 ¡Bieeeeennn, éste no lo conozco!
 ¡A ver lo que hoy nos depara Montanejos!
     Con su ansiedad de sorprenderte y querer rápidamente enseñartelo todo, el camino decide subir a las nubes con toda su urgencia, sin tregua, una buena manera de calentar motores. Un par de resoplidos y te encuentras unas trincheras de la pasada guerra civil. Un alto para beber agua y descubres una graciosa y apta para todos los públicos “via ferrata” que te ataja desde el albergue. Hum, que pena, lástima no haberla visto antes. Un alto, como excusa, para esperar a los más rezagados, y ya tienes el pueblo a tus pies. Y solo cuando llegas a la cima de los Castillejos, caes en la certeza de que ya conoces Montanejos. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Allí, bajo tus botas, sus grandes avenidas de la Maimona y del Mijares, rodeadas de los enormes rascacielos de la Rosada, los Castillejos, el Copa y el enorme y durísimo Morrón de Campos. Enormes balcones como la Bojera y Chillapájaros, gratuitos para la mayor competición de la Naturaleza. ¡Cuánta belleza! Y la enorme presa de la Maimona castrando el desfogue de las aguas de los últimos días. ¡Hasta eso me pareció bonito!
      Después de estar un buen rato deleitandonos con el mayor espectáculo y sin importarnos la agradecida fresca lluvia, decidimos no perder el tiempo en volver a la encrucijada de caminos. Y nos dejamos rodar montaña abajo por la empinadísima cara norte de los Castillejos. Con cuidado y midiendo hasta el último de nuestros pasos conseguimos llegar a los pies del Morrón de Campos. Allí tres nuevos caminos se abrían: a la Bojera, al Morrón de Campos y a los Estrechos. Ya había alguno de nuevo con el “pito, pito, colorito…” y se llevó un cachete en la sesera. “A los Estrechos y a callar, y menos cachondeito”. ¡Y si no haber venido otro día! me salió a mí la vena marimandona.

     ¡Qué delicia de paseo! rodeando el Morrón y el cañón de Chillapájaros. Un precioso y fresco bosque, algo resbaladizo por las lluvias, te lleva a uno de los momentos más impresionantes de la jornada.

     Me lamentaba entretanto de que ésta era hoy la última de nuestras caminatas hasta después del verano y qué solas iban a estar mis montañas. No las dejamos descansar en invierno y todo el mundo las desprecia en esta época del año. “No os abandonaremos pero os haremos cosquillas a vuestros pies! ¡os lo prometo!
     Y me lamentaba también, que ese mismo día Montanejos no me había traido ninguna película a la cabeza.

     Y es que, no sé qué tiene Montanejos, pero si me dedicara al cine, buscaría aquí toda mi inspiración. Un día fui capaz de imaginar todo un guión para una película de ciencia ficción observando las fantasmagóricas formas que había creado el agua al retirarse de la Maimona. Otro día imaginé un argumento bélico a partir de los restos de unas estratégicas trincheras de la guerra civil. Otro día, observando las peripecias de los cientos de escaladores, a uno ya le puse un traje de Spiderman y a otra el vestido de Mary Jane. Y otro día, fui capaz de hasta tener una larga y animada conversación sobre cine pornográfico, sin tener ni puñetera idea. Bueno, ya os podéis imaginar quien estaba detrás de todo esto. Y no puedo dejar de nombrar uno de mis rincones cinematográficos favoritos de Montanejos. Cuando uno supera la presa de la Maimona y acaba de descolgarse por el cable, una vez asentados sobre su lecho, me gusta retrasarme en solitario. Aquello parece la quinta avenida de Nueva York, y me deleito observando como mis colegas van reduciendo su tamaño al alejarse y sus siluetas se comprimen contra las faraónicas paredes del barranco. No puedo evitar sentirme como aquel estupendo personaje de “El increíble hombre menguante”, una de mis películas preferidas.

     Bueno, no nos entretengamos más y volvamos a nuestra ruta. Hacía ya unos minutos que una estruendosa banda sonora ensordecía nuestras conversaciones y al llegar a un meandro del Mijares, Montanejos nos sorprendía con otro de sus grandes espectáculos y no me importó que no fuera de los naturales. Por una vez perdoné la mala mano del hombre y fuimos espectadores de la enorme fuerza del agua embalsada. Estábamos a los pies de la repleta presa de Arenós y por uno de sus laterales se daba salida a un inmenso caudal de agua, que fuera de su corsé, era lanzada a más de cuarenta metros de largo hasta proyectarse en la pequeña y pulida loma a nuestros pies.
     Bajamos del gallinero y decimos sacar entrada en primera fila de platea. Atravesamos el paralelo puente que lo rodea y nos sentamos a verlo en el palco de los reyes. Fascinados, no podíamos retirar la vista del inmenso chorro de agua. Miré a mi derecha y vi como el sendero señalizado se perdía en la inmensa lluvia de agua.

¡Lluvia, se nos había olvidado que había estado lloviendo todo el día! Miré a mi izquierda y la vista se me fué a la inmensa boca de donde el agua manaba. De repente, las nubes volvieron a ennegrecer el día y el cielo rugió como el león de la Metro. No me vais a creer pero… sucedió… Aquello se convirtió en una inmensa sala de cine y la enorme boca de agua se transformó en el foco de proyección de un grandioso haz de luz. Seguí su curso con la mirada y sobre la gran pantalla pulida de piedra me ví sentado en el trono de Mellini en la cima del Cavall Verd, y ví a Tomás desafiando a la gravedad en el Barranco del Infierno, y vi amanecer en los arrozales de la Serra de les Raboses, y vi a todos retozando en las Palomarejas y la Maimona, y vi el prodigioso salto de Manolo en la Pardala, y a las chicas del Chorrador de Zucaina, y a Jose y a mí, vagando por los Rentos de Orchova, y a Ramonet escalando como una cabra la Segaria, y me asomé a los Organos de Benitandús, y me introdujé en el cañón donde nace el río Palancia, y jugué con Ana, Jose y Cristina en el laberinto de les Covetes, y vi a Cavanilles en la cima del Benicadell, y me asomé al mirador de les Creus, y bajé la senda dels Amoladors, y subí al castell d’Alfandec, y paseé por el extraordinario Camino Hondo del Castellar de Meca, y me asomé al barranco de la Hoz de Chera, y me abracé a todos tras el último rappel en la Cueva Santa… Estaba tan emocionado, que me adentré en el sendero y con los brazos en cruz me dejé duchar por aquel chorro de imágenes hasta que casi perdí la respiración. ¡Que mejor manera de recibir al verano, abrazar a nuestras montañas y darle la bienvenida a otra de nuestras amigas: ¡el agua!

   No sé qué tiene Montanejos, pero…
   ¡me pasan unas cosas en Montanejos!

Tenéis un estupendo album de fotos pichando en la de abajo:

2008_05_31 Los Estrechos Montanejos

8 comentarios en “Montanejos – El Sendero de los Estrechos y los Castillejos

  1. hay mi gran montanejos mis grandes desafios con la naturalez, sus grande visas de escalada, (gracias Ernesto pòr la gran contfibvucion que has dejkado en ese grtan rincon natural, y lpos pòliticos no te lo han reconocidpo,pero los amnatees de ,la naturaleza , sendaristas montañerps, escaladores , deprtivos, en escalalibre ,artificial, los que satavamos de nuestro gra fuente aditivam de saltar del puente y subidones de adrenalina.

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