El Barranco de la Mosquera: El Carrascal – Collado Peñas Blancas

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Si algún día me pierdo…

¡buscadme en Espadán!

        No he conocido nunca una tierra con mayor densidad de incentivos montañeros en toda la Comunidad Valenciana. Solo la iguala en intensidad, quizás, la Tinença de Benifassar … pero disfrutar de ésta última es un privilegio que, por su lejanía, muy pocas veces me puedo dar.     

         No he conocido nunca una tierra como esta que me haya dado tantas satisfacciones: bosques de fábula, enormes montañas de rodeno de formas caprichosas, fuentes exuberantes, sendas empedradas, una humedad desbordante como en pocos lugares de nuestro territorio…

         Llevo años recorriendo la Sierra Espadán y no estoy seguro de conocer ni la mitad de sus rincones. Y eso me produce una enorme ansiedad pero a la vez una inmensa alegría de que quizás pueda seguir descubriendo  encantadores y arrebatadores parajes hasta el fin de mis días.

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       Pero hubo un tiempo en que eso no fue así… hubo un tiempo en que su solo nombre… me producía la mayor de las angustias… hubo un tiempo oscuro… del que su sola mención me transportaba a noches de insomnio y pesadilla… hubo un tiempo… el tiempo del estremecimiento ante la sola palabra de aquello que tanto daño me hizo…

 Sierra Espadán

ahora Cielo…

y…

…una vez Infierno.

        ¡Sierra Espadán!… así se llamaba aquel maldito lugar donde una vez un niño fue a dar con su mala suerte. Necesitaría las manos hábiles de un Carlos Giménez ó… qué se yo… la pluma de un Dickens para haceros un dibujo conciso y preciso de aquel museo de los horrores. No me extenderé, no es éste el lugar ni la hora pero… en aquel lúgubre lugar, en mi huida, dejé un montón de corazones rotos con el destino.

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           Una carta clandestina logró engancharme de nuevo a la vida y allí quedaron Aurelio, Javi y su hermano Luis…el pequeño Tomás siempre llorando por su mamá…  el rebelde Reyes al que cazaron en su fuga… a Requena, mayor que yo y cómplice con el correo…ó Jose Luis, que nunca me perdonó el silencio infantil de mi despedida…

         Jamás he superado el trauma de la ciudad de Castellón, a la que rodeo con mi coche pero nunca penetro en sus calles, ni las letras llenas de rabia y borrosas por las lágrimas de mi amigo Jose Luis.  Espero que la vida le haya devuelto la infancia que le robaron y la sonrisa que nunca le conocí ni a él ni a todas aquellas almas rotas.

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        Y ahora estaba allí, en el corazón de Espadán, en el barranco de la Mosquera… con mi amigo Juan Carlos.

                                                                                -“¿Qué ruta farem hui, Paco?

      -“¿Hui?… Hui farem la millor de les rutes en Espadán…

                                                                                           hui vagarem per Espadán…, hui…

                                                                                                                              es perdrem à Espadán!

        Y es que hay muy pocos lugares con ese privilegio para el senderista… Espadán te da carta de libertad para que camines por donde quieras… es indiferente el lugar ó la senda que escojas, puedes elegir al azar cualquiera de sus caminos y seguro que te conduce a cualquier rincón del paraíso terrenal… del jardín del Edén… del cielo… del valle de Josafat ó… directamente al Nirvana.

         Y eso es lo que decidimos hacer el otro día… dejarnos llevar por las hadas de Espadán.

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          Y primero comulgamos en el bar de la entrada de Azuébar.

     ¡Madre mía que carajillo!

          Y os lo dice alguien que de normal no prueba una gota de alcohol… A aquello no lo faltaba de nada… quemadito con miel y canela… el elixir de los dioses…el cáliz de la liturgia montañera.

          Y luego a andar… ¡vaya si andamos!… pero… en Espadán…. nunca te pesan las piernas.

          Y recorrimos todo el Barranco de la Mosquera… y visitamos su fantasmal casa que es como las casas encantadas  de los bosques de los cuentos… y siguiendo unas marcas que encontramos pero que luego abandonamos acabamos en el Carrascal. Nunca había subido a esta montaña y es… como todas las montañas de Espadán…  ¡un castillo de cuentos de hadas!

           Y  es que Espadán nos estaba contando otro de sus fascinantes cuentos donde no faltaba ninguno de sus ingredientes.

           Fue entonces cuando encontramos a un grupo de senderistas extraviados.

           Les felicité por haber escogido el mejor lugar para perderse y sus ojos quedaron contrariados.

           Les pregunté si querían seguir perdidos y se me quedaron mirando perplejos.

          Comprendí y les di el hilo de Ariadna para salir de aquel laberinto.

          Le había sugerido a Juankar  bajar de nuevo al barranco y subir al Collado de las Peñas Blancas.         

         Ya llevábamos un buen tramo de esforzada subida y…IMG_9300

        Fue entonces cuando me dí un susto de muerte…

                                           allí estaba…

                                 ¡el cura de mi colegio!

     Acabé dando un par de pasos atrás horrorizado.

     Tuvo que tranquilizarme mi amigo Juan Carlos y hacerme entrar en razón:

     “Paco, pero si no es mes que un tronc de surera cremada”

    “Alcornoque…. alcornoque… claro que es un alcornoque… al que seguro que San Pedro no dejó entrar en su cielo.

      Seguro que lo condenó al infierno de contemplar la belleza que no supo ver en vida… para toda su eternidad. Conociéndolo…¡Ese debe ser el mayor de sus suplicios!”   

        Continuamos con la interminable subida y sólo la soberbia panorámica del Collado me hizo olvidar a aquel malnacido  y reconciliarme con la vida. La visión de todas mis amigas las montañas actuó como el mejor de los exorcismos. Allí estaban ó a mi me lo parecían… el enorme Espadán y el Rápita…el Alt del Aljub, el Bellota y el Carrascal… el Nevera, el Alt de la Costera y el Batallalos Organos de Benitandús… el Palancia, la Calderona y el Peñascabia, el cerro Gordo, el barranco de Almanzor… el barranco de la Mosquera y hasta el barranco de Ajuez de mi querida Chovar…

        Era tanta mi felicidad que lloré por haber odiado un día tanto a esta maravillosa Sierra.

       -“Juankar, jo em vuig anar ja à casa… si no en este torrent de emocións em va donar un atac al cor”

        Y decidimos bajar, siguiendo las marcas del sendero de la mañana, rumbo de nuevo al barranco de la Mosquera.

  ¡Madre mía que sendero!    

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      Rodeando las enormes pedreras del Collado el camino te introduce en un inmenso bosque de alcornoques, algunos de una envergadura considerable pero jugando con la gravedad en mil formas indescriptibles que parecen que te van a abrazar en cualquier momento.

        Me detuve a tomar aliento, no por el cansancio sino por la sobrexcitación, y echando un trago me quedé mirando embobado esos increíbles árboles que parecían invadir el camino y venir a mi encuentro.

      -“Pacooooo… ¡que alegría!”

        Con el agua de mi cantimplora tuve que enjaguarme los ojos… los árboles tomaban vida y se me acercaban.

       – “¡Aurelio!… ¡Reyes!…

                                                      ¡Javi, no me lo puedo creer!

                                                                                                                “¡Tomás, qué mayor te has hecho!

                          ¡Reyes…. Requena…!

                                                                               ¡Jose Luis…..!

      Nos fundimos en el mayor de los abrazos y creedme si os digo que fue el momento más emocionante de mi vida. Creo que estuvimos horas riendo, llorando y compartiendo todo el recorrido de nuestra vida.

      Y decidimos hacer la excursión que nunca tuvimos y como niños bajamos a la Mosquera.

       Y entramos en la casa y las pintadas de las paredes nos parecían las lecciones del encerado. Decidimos dejar allí encerrados todos nuestros fantasmas y demonios… y, para que no escaparan, tapiamos con el corcho de los árboles las ventanas rotas y jugamos en el patio de aquel colegio todo lo que no nos dejaron jugar.

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                                                                                                          Si algún día me pierdo,

seguro que estaré en Espadán.

No me enviéis a la guardia civil

ni a Paco Lobatón.

Esta vez no habrá carta de lamentos

pero todo lo que lloré un día…

¡lo estaré riendo el resto de mi vida!

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Aquí os dejo una pase de diapositivas, corto e injusto con el lugar, pero mi cabeza estaba en otra cosa ese día :

2011-05-14 Barranco de la Mosquera
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4 comentarios en “El Barranco de la Mosquera: El Carrascal – Collado Peñas Blancas

  1. Felicidades por la crónica , me a gustado mucho , eso si ya me contarás que te hizo la pobre sierra para que le tuvieras tanto pánico jejejeje.
    Esta ruta es una pasada como tu dices toda la sierra lo es, tenemos suerte de tenerla tan cerquita.
    Saludos

    • Otoño de 1976. Ciudad de Castellón. Calle Hermanos Bou. Un niño con una maleta delante de una enorme puerta. El niño eleva su mirada para leer las enormes letras que coronan la puerta: “COLEGIO SIERRA ESPADAN”

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