Yátova – PRV 148 – Los balcones de Yátova

                                   ¡Qué grande es esto de la montaña!…
    Cuando me disponía a llenar mi cantimplora en la Fuente San Vicente de Yátova, yo era una persona con muchos problemas… Cuando vino mi cuñado a recogerme a la masía del Peñon de Mijares…¡yo era el hombre más feliz del mundo!
    Y es que subir a una montaña es como subir a un avión. Desde allí arriba todo se ve mucho más diminuto….hasta los problemas del mundo se empequeñecen y las miserias humanas te muestran su lado más ridículo.
    Siempre he dicho que los tratados de paz deberían firmarse… no en las paredes de un palacio… sino en lo más alto de una montaña. Estoy seguro que fidelizaría el propósito de enmienda de tanto desalmado y malnacido.
    Esta vez no fue como subir a un avión…más bien como el vuelo rasante de una avioneta… por la altura media de lo que caminé… pero cuando bajé a este mundo… ya lo hice con la bandera blanca de la reconciliación con lo que por dentro me devoraba.

    Y eso que lo que andé el otro día no el primer día que lo andaba. Bueno, en realidad si…lo había recorrido en bicicleta decenas de veces en otra etapa de mi vida… pero el otro día caí en la cuenta de que… ¡nunca lo había caminado! Y os estoy hablando del PRV-148… un sendero de mi pueblo. Bueno, en realidad, tampoco. Porque ya sabéis que mi pueblo es Burjassot, que es donde vivo y he nacido… pero es que yo no soy como los demás… yo tengo dos pueblos… Burjassot y… ¡Yátova!… que es el de mi mujer y donde, desde hace veinticinco años, tan bién me han acogido.
     Y así como el término de Burjassot es pequeño y está practicamente agotado por la presión de la capital, el de Yátova es de una considerable dimensión, y aunque desolado en buena parte por los incendios (el terrible verano de 1991 se llevó por delante unas treinta mil hectareas, uno de los incendios más grandes de la historia de nuestra provincia) aún conserva una enorme riqueza medioambiental. En alguna ocasión os he hablado del Motrotón, el indiscutible emblema de la población. También de la Sierra Martés que comparte con Cortés de Pallás,…del valle de Mijares…del estrecho Juanete, del cañón del río Magro, del Cerro de Tabarla, de la Cueva de las Palomas y el río Juanes…¡madre mía si me pongo a escribir sobre todos estos sitios!…Seguro que apagais el ordenador y cuando lo volváis a encender otro día aún seguiría yo dándole a la tecla… ¡al mismísimo Fidel Castro haría palidecer!

     Y si os queréis aventurar para comprobarlo no os acabaréis la cantidad de senderos señalizados que encontraréis: el GR-7, el PRV 115, el PRV 148 y unos cuantos de los de las marcas verdes que me vais a disculpar pero no recuerdo su numeración (el SLV 21 y el SLV-47 creo que son). Algunos de ellos superan ampliamente los veinte kilómetros de extensión pero estan muy inteligentemente diseñados para poder complementarse y facilitar las rutas y los accesos. Hay algunos proyectos en el aire para seguir marcando sus caminos por el Motrotón (felizmente recuperado para el montañismo con la apertura definitiva de varias sendas perdidas), el Cinto de la Umbria (toda una preciosidad) e incluso hace un tiempo se decía que se quería diseñar un sendero de largo recorrido que cubriría la Hoya de Buñol.
     El caso es que el otro día cogí la mochila y me puse a andar por el PRV-148 que desde el Parque San Vicente en el mismo Yátova te conduce al encuentro del GR-7 en el lejano Pocico Valentín…¡veintitantos kilómetros!… ¡casi nada!… un lujo de sendero que recorre casi todas las alturas de la parte norte del término y que es todo un mirador de las mejores panorámicas de la comarca… por eso le he llamado yo a esta ruta “Los Balcones de Yátova”.

     Chicos, desayunad fuerte, porque aparte de la enorme distancia que recorre el sendero, no hay tregua en su comienzo. La senda tiene prisa por enseñarte todo lo que tiene que ofrecerte y desde el primer metro ya no hay respiro. Sólo un defecto: el Sol nace por el Este asi que cada vez que os giréis para contemplar el espectáculo, si lo hacéis por la mañana como yo, os vais a encontrar con el dichoso astro haciendo la puñeta todo el camino, sobre todo a los que nos gusta fotografiar. No os podéis imaginar todos los malabarismos que tuve que realizar para poder ilustraros estas palabras.
     El camino inicia una exigente subida (para las piernas aún frías) en dirección al Collado del Risco por la izquierda del Barranco de San Vicente. Es en la parte alta del barranco donde la senda te ofrece dos variantes: una de ellas te baja a la fuente de la Militara para después abordar la subida por el Barranco del Agua. La otra, un poco más larga te llevará a su encuentro por el Corral de la Galena. Yo, que ya conocía las dos, me incliné por la segunda, que aunque se desplaza la mayor parte del recorrido por una pista forestal, te ofrece los mejores miradores de esta primera parte de la ruta. En efecto, continuando por la derecha pronto tienes unas excelentes vistas del Barranco del Agua y del Motrotón. La pista te conduce en un fenomenal rodeo hasta descender al paraje de los Vallejos. Continuar por ella también sería una estupenda ruta, de eso puedo daros fe, pero las marcas del camino tuercen en un ángulo de noventa grados a la izquierda para seguir rodeando el Barranco del Agua que os nombraba. Pero antes de ese giro obligado yo os invito a dejar el camino y por una descuidada senda que nace a la derecha llegaréis a otro fabuloso mirador de nuestras montañas. La vista es impresionante: el Mediterráneo amaneciendo con una inmensa niebla sobre la Ribera que convertía en islas a la Serra de les Raboses de Cullera y la Corbera, la serra de les Agulles, el Penyalba y el Montduver, la Buixcarró, la Calderona a nuestra izquierda, y al frente el Motróton y la inmensa sierra del Ave, allí donde las montañas valencianas pierden la timidez y se elevan hasta casi los mil metros… algo que se logra ya en Yátova con la Sierra Martés.

     Aún hubiera bajado a los Vallejos, un paraje que para mí tiene un recuerdo emotivo al igual que para la familia de mi mujer. Hasta allí bajaban en la postguerra guerrilleros y es allí donde escuché por primera vez historias de maquis. Dos hermanos de su abuelo fueron detenidos y torturados por facilitarles alimentos. Uno de ellos acabó muriendo en la cárcel. ¡Ellos sólo creían en la libertad que hoy todos gozamos!
     Seguí caminando en dirección al Corral de la Galena y eché de menos a unos perros que desde pequeños, desde una huerta, siempre me han ladrado al pasar con mi bicicleta. ¡Qué habrá sido también de ellos! Y mucho antes de llegar al Corral alcancé otro de los grandes balcones de Yátova: el perfil norte del Barranco del Agua con poderosas vistas de la Sierra del Ave, la Muela de Cortes, el Cinto Cabra y el Caroig… ¡aquello seguía subiendo enteros a cada paso!
     A la altura del Corral de la Galena me desvié a la derecha para visitar un “cuco” que construyó el abuelo de mi mujer, cuando aún no sabía que acabaría fusilado por haber sido el juez de paz de su pueblo. Me fumé un cigarro de homenaje donde el había fumado en tantas ocasiones. Y, de espaldas al sol, como la familia de mi mujer, proseguí mi camino hacia la encrucijada de El Revolcador.

     Quizás es esta parte de la ruta, una vez acabas de rodear el Barranco del Agua, la que puede resultar un poco más monótona. Y es que esta tierra no se ha quemado una sino dos veces. Todo esto eran bosques donde la gente buscaba rovellones custodiados por las montañas de la Sierra de Malacara (ya tenía ese nombre antes de arder por los cuatro costados) y el Collado Umán. ¡Qué pena, de verdad!
   En una ocasión charlábamos animadamente un grupo de amigos ocupando toda una acera. Una mujer, ya muy entrada en años, nos espetó que le impedíamos el paso:
             -“Hace treinta años ya me hubiérais visto venir de lejos y os hubiérais apartado”.
    No es que nos faltaran modales, siemplemente nos habíamos despistado.
             -“Todavía es usted muy guapa, señora”
    …me atreví a contestar.
    Y fue ella quien me vino a la cabeza en ese momento cuando observaba todas estas montañas…¡tendríais que ver lo bonito que era antes todo esto! Ahora nadie le canta a estas montañas, nadie les silba ni las piropea, nadie…les escribe mensajes de amor…

     Pero me gustó masticar todo esto caminando cuando tantas veces lo había hecho pedaleando a toda velocidad. A la altura del Escalón de Pardenillas la Sierra Martés se presentó con toda su majestuosidad. Ya dejé reseña en su día de su parte sur sobre Ventagaeta. Un día de estos volveré a subir por la impresionante cara norte y ya os contaré. Camino del Cantal una vez más tuve que agradecer el paso lento de las botas y no de las ruedas de mi bicicleta: alcé la mirada sobre el Pantano de Forata y tuve que enfocar mis ojos para creermelo. Pero si aquello… es… ¡el Montacabrer!… miré más a la izquierda… ¡el Benicadell!… ¡pero si aquello está a más de cien kilómetros de aquí!… incredulo subí la mirada… no… ¡no puede ser!… ¡La Serrella! ¡Pero como he podido pasar tantas veces por aquí y no darme cuenta! Me estaba subiendo la adrenalina cuando en una gran curva del camino… ¡la señora de la acera con treinta años menos!… los piropos se oyeron hasta en el pico Martés con el valle del Mijares a mis pies. No, no creáis que había caminado tanto que me había metido en tierras de Castellón. Es que aquí tenemos un valle con un río que es el Mijares, un cristalino afluente del Magro, que con sus pozas y gargantas, rodeado de inmensos bosques y huertas, de montañas de casi mil metros forman uno de los escenarios más bonitos que conozco: el edén, el lugar que más se deja querer por todo el mundo en Yátova, el lugar donde todo el mundo quisiera ser enterrado, el lugar donde todo el mundo se ha enamorado… Y ya de la mano de aquella mujer me dejé acompañar hasta el fabuloso valle mientras me contaba historias sobre aquella montaña que se desmoronó en mil pedazos formando un divertido caos de rocas en el Cantal, me habló de los carboneros en aquellos bosques, de las leyendas del Peñón de Mijares, de los íberos y de los árabes que poblaron el valle…hasta que muy cerca de la masía del Peñón me abandonó para volver a aquella curva del camino. Me hubiera gustado besarla pero…¡no se que habría pensado mi generoso cuñado que en el coche me esperaba!

Os dejo un pase de diapositivas con lo que el Sol me dejó fotografiar:

Prv 148 – Los Balcones de Yatova

Volví a la Masía del Peñón para acabar la ruta hasta el Pocico Valentín. Todavía no tengo la crónica pero si un buen pase de fotografías de la fenomenal ruta:

https://acelobert2010.wordpress.com/2009/10/30/yatova-prv-148-slv-21-cerro-tabarla-y-canon-del-rio-magro/

Si queréis podéis consultar la crónica sobre la subida al Motrotón pinchando en el enlace de abajo:

https://acelobert2010.wordpress.com/2008/07/09/21-06-08-el-motroton-yatova/

10 comentarios en “Yátova – PRV 148 – Los balcones de Yátova

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