Tavernes de la Valldigna – Senderos PR CV 38 – PR CV 39

¡Se estaba ahogando y no nos habíamos dado cuenta!

        Me gustó tanto la excursión a la Corbera que no pude resistir la tentación estas Pascuas de volver por aquellas tierras. En mi afan completista, como un enloquecido coleccionista de montañas, estuve recorriendo durante dos días más los senderos de la Valldigna. Las espesas nieblas y el mar de nubes me habían impedido conocer a fondo la bellezas escondidas aquel día de la subida al Alt de Creus y las vastas panoramicas del Mediterráneo.
       Ahora los inmensos paredones entonces fantasmales presentaban toda su grandeza y los escasos árboles, en aquel momento espectrales, mostraban arrogantes su orgullo de supervivientes de la candela.

          Empujaba a mi fiel Charo en la penosa subida de les Fontetes de Cantús cuando un jugueton perrillo vino a preguntarnos si éramos los de Acelobert. Cuando asentímos pidió permiso con dos ladridos y se nos unió a la procesión senderista. El parecido era asombroso y decidimos llamarlo Kenniet. No me preguntéis por qué tomamos la decisión de llamarlo así porque sería muy largo de explicar.

       Bueno, lo cuento, el caso es que me apetece hacerlo.
       No se si os he hablado alguna vez de Kenny, el perro de mi suegra. El nombre se lo dieron mis sobrinos que lo encontraron medio muerto con pocos días de vida. Viene de un personaje de la serie de animación South Park. Quien haya seguido esos dibujos entenderá porque fue bautizado así.
       El caso es que Kenny es también conocido por ser el Nacho Vidal de la Hoya de Buñol. Es capaz de oler una feromona a seis kilómetros a la redonda. Si vierais su aspecto poco agradecido pensaríais que debía ser el típico perro faldero enfermo de ayuno sexual.
       Eso se pensaba mi suegra. Es complicadísimo verlo por casa. Aveces está una semana sin aparecer y de repente entra corriendo de la calle al corral, come desesperado un plato de pienso y unos sorbos de agua, y sale a escape libre.
        Menos guapo lo tiene todo. Cariñoso y simpático lo es un rato. Un día lo sorprendí en mitad de una faena y dejó lo que estaba haciendo para saludarme. Solo le faltó presentarme a la novia. Después volvió con su trabajo.
        Tiene descendencia en toda la comarca y alguna vez he sido espectador de alguna delirante discusión de abuelas sobre “mira lo que le ha hecho tu perro a la mía”.
        Tiene más de siete años y dicen que cada año de perro es como siete de los nuestros. Osea que ya es un cincuentón. Ya me daría yo con un canto en los dientes si a los cincuenta derrochara la energía de mi Kenny.

         “¿Y a qué viene todo esto?”

“¿No nos ibas a hablar de senderos en la Valldigna?”

          Pues claro que sí pero es que no quería parecer ridiculo llamando Kenniet a un perro y éste debía ser fruto de alguna lejana aventura del de mi suegra. Algo debíó oler él en nuestras botas y no se si nos siguió con afán senderista ó es que en realidad solo le movió su curiosidad canina por saber algo más de su padre.

          La procesión de la cofradía senderista de les Creus llegó a duras penas al alto del mirador y a mi se me escapó con la maravillosa vista un enorme…”¡Guauuuuu!”

          Kenniet, emocionado por lo que creía un esfuerzo por expresarme en su lenguaje, me premió con dos lametones en la cara.

        A nuestros pies se extendía el precioso valle de la Valldigna, la antigua Alfandec de los moros, el antiguo Marinyen de quien quiera que poblara el valle antes de todos ellos.

         Mis ojos se fueron en busca de la peña del Castell que vigilaba el valle durante varios siglos.
         Había disfrutado el día anterior con una exigente subida, primero por caminos de naranjos desde Benifairó, para abordar los primeros estribos del Montduver donde se haya escondido esta reliquia del pasado.
         Me encantan estas fortalezas que por su naturaleza montañosa parecen permanecer olvidados en su rocosa soledad. Aquello es un magnífico nido de aguilas, que debiera ser toda una prioridad para montañeros que quieran enriquecer sus experiencias con el legado de la tierra que pisan y que justifica por sí solo el ser destino final de una corta ruta; ruta que por otra parte siempre puede completarse con la visita a la antigua mezquita de la Xara entre millones de naranjales y la formidable presencia del Monasterio de la Valldigna.

         Después alcé la mirada y no pude dejar de recordar los gratos momentos enredando por el macizo del Montduver y la sierra del Buixcarró, que aspiro a que sean próximos objetivos para el invierno que viene. Ya subí una vez al pico desde Xeresa pero desespero de poder hacer la travesía completa desde Ximat. El Buixcarró, que no conocía, me mostró generoso sus encantos, me hechizó y promete entregarme mil aventuras cargadas de historia.

         Kenniet parecía disfrutar aún mucho más que yo y rastreaba las mil posibles sendas de la Corbera. Derrochaba tanta energía y se mostraba tan temerario sobre los vertiginosos cortados que, admirado, le dije a Charo: “A lo mejor nos hemos equivocado y le teníamos que haber llamado Ramonet“.

        Nuestro siguiente objetivo fue el PRV 39, quizás el menos seductor, en principio, de Tavernes y que fue toda una agradable sorpresa llena de emocionantes rincones.

        Sin tregua y desde el Canal de Defensa, el estupendo diseño de sus creadores recupera el antiguo camino a Favara a través de los contrafuertes del Alt de Creus, el Puntal de la Paella y el Massalari, y se me ocurre que ésta es le mejor ruta posible para subir al Puntal del Massalari y el Ratlla. Cuando lo haces desde el Alt de Creus después de la magnífica ascensión, la ruta pierde fuelle hasta que subes al Masalari. Sin embargo, haciendolo por aquí la tensión montañera se mantiene durante todo el recorrido. Primero dejas Tavernes por un par de arriesgados viaductos (salvables por sendas de los barrancos) y por una escalera muy bien integrada en la montaña, llegas a la ermita de Sant Llorenç. El sendero continúa por las umbrías de la sierra hasta las proximidades de la Fuente de la Granota para ascender con un muy acusado desnivel por una brecha que te lleva hasta la fuente Sangonera y de allí a los principales picos de la montaña.

        Descansamos en la fuente Granota, un hermoso vergel que da fé de la grandiosidad de esta sierra si no hubiera sido masacrada por los incendios.

        Y fue allí… mientras comíamos… cuando ocurrió…

        Dejamos de ver a Kenniet mientras devórabamos nuestros bocadillos y en un principio pensábamos que con su curiosidad montañera nos estaría preparando el camino de vuelta. Cuando iba a llenar las cantimploras vacías me llamó la atención el sonido de un agitado chapoteo en una balsa vecina a la fuente. Y…
 ¡Horror! ¡Kenniet se estaba ahogando!
        Al parecer, el animal, sediento, se habría arriesgado demasiado con su pequeño cuerpo y había caido en sus heladas aguas. ¡Y era incapaz de salir por sus propios medios! Debía estar peleando mucho tiempo con las aguas porque cuando pude sacarlo estaba totalmente agotado y muerto de frío. Cuando pudimos reanimarlo (a esas alturas del recorrido, con el cariño que le habíamos cogido, hubiera sido capaz hasta de hacerle el boca a boca…¡bueno, creo!) pareció jurarnos agradecimiento eterno.

          Erramos el camino de vuelta. No quiero decir que nos perdiéramos. Una cosa así allí es prácticamente imposible por la impresionante señalización que en su día diseñaron los miembros del Centre Excursionista de Tavernes. Pero si hay un camino que no merece la pena, de los cientos que surcan la Corbera, en el sentido estrictamente montañero, ese es el antiguo camino de Massalari y el Racò de Joana. Esa opción te devuelve a Tavernes en un gran rodeo entre campos de naranjos, que no es que no resulte agradable, pero que hace bajar muchos enteros a la ruta. Eso sí, aquí Kenniet ya se desmadró en su energía de recién nacido a una segunda vida y entre carreras ladraba aquella cancion de “Libre” de los Chichos…

¿ó esa era de los Chuchos?

          Cuando, agotados, después de dos días de patear toda esta preciosa tierra, llegamos al coche, ya nos habíamos hecho a la idea de adoptar a Kenniet.

          Entusiasmado con la posibilidad, mostraba toda su excitación con la sola idea de que le invitaramos a subir al coche.

          Y entonces, ocurrió…

          Una coqueta perrita, de muy buen ver canino, se cruzó provocadoramente por la acera.

          Y hechizado como Mowgli, el entrañable niño de El Libro de la Selva, se alejó curioso tras ella.

          Le silbamos, le llamamos como Baloo y la pantera Bagheera, le gritamos que su destino estaba en la montaña… pero no hubo forma de que volviera.

          Cuando ya subíamos al coche, se giró, nos lanzo dos divertidos ladridos y se marcho a la carrera tras ella.

          No volvimos a saber más de él pero…

  ¡puedo imaginarlo cada vez que veo al perro de mi suegra!

De 2008_03_27 Sierra Corbera 2
     Tenéis un album de fotos de las rutas pinchando en la foto de abajo:
2008_03_27 Sierra Corbera 2

10 comentarios en “Tavernes de la Valldigna – Senderos PR CV 38 – PR CV 39

  1. Buenos días!
    Precioso tu blog. Quiero felicitarte por tus excelentes fotos.
    Yo, me paseo muchísimas veces por la montaña “de le Creus”. Las vistas son paradisiacas.
    Un saludo.
    Carmen.M.G

    • Gracias, Carmen, preciosas tus palabras. Siento una especial debilidad por esa sierra. Cuando creo que ya me la he caminado toda encuentro mil nuevas opciones de subir a ella. Y nunca ha perdido la capacidad de sorprenderme por su belleza. Salut i montanya.

    • El trabajo del Centre Excursionista de Tavernes ha sido perfecto. Puedes realizar cualquier ruta sin ningún problema y además con mil opciones para alargarla ó abreviarla. No dejes de caminar esas montañas que la satisfacción será absoluta

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