Cullera – Serra de les Raboses

De 2008_01_05 Serra de les Raboses
Una inmensa nube parecía haber estallado en mil pedazos y millones de pequeños algodoncitos de color azul flotaban sobre un futurista cielo de color intensamente anaranjado. Yo me sentía desplazar por la autovía, bajo ese extraño nuevo cielo abierto, como en un aeroauto de Blade Runner ó del Quinto Elemento. Pensé: “ahora es cuando me cae encima Milla Jovovich”, pero no cayó esa breva ó, más bien, esa brava. Aún no se si fue una lástima ó una suerte, porque no se como lo hubiera podido explicar en casa…”el primer día que te vas sólo y ya vienes contando películas… anda y entra pa’ dentro”.
De 2008_01_05 Serra de les Raboses

Cuando le comenté a un amigo que si se venía a la Sierra de las Zorras, rápidamente me dijo que sí con un gesto descaradamente libidinoso. Se relamía imaginándose como Mastroianni en una de las últimas películas de Fellini. Cuando, avergonzado por su aptitud y por su desviado pensamiento, le recalqué que el nombre de la Sierra se debía a la abundancia de ese animal en algunos tiempos y que se hallaba en Cullera lo primero que me dijo fue “¿En Culleraaa…?.

En efecto, cuesta creer que en un lugar tan desolador para el imaginario montañero, pueda encontrarse una propuesta senderista de interés y debido a ello la sierra de las Zorras, ó de les Raboses como también se le conoce por estas tierras, siempre ha sido olvidada y se ha mostrado como el patito feo del senderismo valenciano.

Reconozco que tengo debilidad por las sierras litorales. La combinación de montaña y mar rara vez decepciona. Solo hay que recordar las satisfacciones que ha recibido cualquier caminante que haya tenido la fortuna de recorrer la Sierra de Irta, el Desert de les Palmes, Ifach, Montgó, Bernia, Olta ó la Sierra Helada. Y lo cierto es que una vez más el Mediterráneo se muestra aquí grandioso desde las alturas y hasta sabe curar las heridas que le ha inferido el hombre. Eso sí, no pude dejar de pensar en mi amigo Cavanilles y la belleza perfecta que tuvo el privilegio de disfrutar tanto aquí como en cientos de maravillosos lugares de nuestra Comunidad antes de ser echados a perder por el desorientado hombre del siglo XX y XXI.

De 2008_01_05 Serra de les Raboses
Estimulado por la increíble luz del amanecer subí a zancadas el bonito camino del calvario que te lleva al Castillo y al llegar junto al santuario aún tuve tiempo de contemplar la consagración de la enorme hostia roja que ascendía desde el mar y bendecía mi camino.

Pequé y me encendí un cigarro, y me dispuse a difrutar de tan magnífico espectáculo. Entré en trance y al despertar quise saber si todo seguía en su sitio. Y dí paso a la liturgia de mi pasatiempo favorito: allí estaba el Montgó, la Segaria, el Cavall Verd, la Serrella, el Circo de la Safor, el Montduver, la Corbera, las sierras del Caballón, del Ave, de Martés y Malacara, la Calderona, Espadán,…¡coño, el Peñagolosa!… y, cerrando el golfo de Valencia, el Desert de les Palmes. Bajé la vista y a mis pies tenía… “la Manga del Mar Mayor”, todo el litoral de la costa aislado por los inmensos arrozales inundados. Tanta belleza era imposible y algo vino a turbar mi vista: los restos del atentado terrorista contra el Cavall Bernat, que infrigieron a sus pies los de siempre, en forma de cantera junto al pueblecito de Llaurí. ¡Cuanta infamia esconde el mundo!

De 2008_01_05 Serra de les Raboses
A mi espalda, la playa de Cullera, victima permanente de la Kale Borroka constructora y objetivo declarado de próximos horrores junto al Xuquer. Por cierto, que delicia verlo discurrir desde lo alto, relajado ya después de casi cien kilómetros de apretamientos en su entrada a la provincia de Valencia.

Guiado por un sendero recientemente señalizado por el Ayuntamiento de la localidad abandoné las umbrías del escaso bosque que rodea el castillo y me dirigí al Alto de Cullera. Empujado por un terrible viento invernal, que por una vez corría en mi favor, el frío de la mañana me produjo una primera alucinación: ¡Nieve! ¡En aquella ladera hay nieve! Aceleré el paso en aquella dirección y pronto llegó la primera carcajada del día: Por un momento me había olvidado de la desgraciada mano del hombre: aquello era pintura, las inmensas letras con el nombre del pueblo y que como “un amor de madre” han tatuado la montaña. ¡Sin comentarios! ¡No  quiero aburrir! ¡Juro que ahora que sé el camino una noche volveré con una garrafa de decolorante y borraré hasta la ultima letra!

De 2008_01_05 Serra de les Raboses
La montaña pierde sus últimas manchas de vegetación, pero aquí el espectáculo no es el camino sino la inmensa belleza que no te abarca la vista. En lo más alto una enorme rapaz vigilaba mis pasos. Quise cercionarme si tenía el rostro de algún famoso especulador pero cuando la tuve más cerca comprobé que en realidad era un águila que buscaba su sustento. Emocionado por la compañía de los  inmensos arrozales, para cuando llegué al faro el patito feo ya se había transformado en un hermoso cisne.

Decidí volver al punto de partida continuando la ruta circular del sendero homologado. ¡Craso error! Mediante un fenomenal rodeo por carreteras asfaltadas entre las huertas de la parte norte acabas llegando al cementerio de Cullera para continuar de nuevo al castillo por un poco estimulante camino que busca las partes bajas de la montaña. Esta agotadora opción y de muy escaso interés senderista desluce tan interesante excursión y ahora me lamento de haber traicionado el primer arrebato que tuve y que fue el de volver por las arenas de la playa.

De 2008_01_05 Serra de les Raboses
Cuando conducía de vuelta en dirección a Sueca y Sollana quise echar un último vistazo a la montaña y la sierra se mostraba orgullosa en el panóramico retrovisor interior del coche. Aparté la mirada atento a las evoluciones de la carretera y entonces reaccioné a algo extraño que me había quedado en la retina. Volví a mirar y no pude evitar otra sonora carcajada: de la montaña se habían borrado la “ll”, la “e” y la “r”. Sólo podías leer “CU…A”. ¡Era el patito feo que agradecido me saludaba.
Tenéis un pase de diapositivas picando abajo:
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7 comentarios en “Cullera – Serra de les Raboses

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