La Sierra Martés – Ventagaeta

De 2007_12_16 Sierra Martés

Cuenta Rafael Cebrián en el segundo volumen de sus “Montañas Valencianas” que en los años 50 era una auténtica epopeya llegar a la Sierra Martés. Hoy en día la cantidad de carreteras y pistas nos permiten situarnos a los pies de cualquier montaña, pero entonces la escasez de vehículos aún no había propiciado la masiva construcción de todas estas y el desplazamiento se realizaba a través de largas jornadas de caminos de montañas. Para conocer esta sierra los montañeros se desplazaban en ferrocarril hasta la estación de Ventamina, muy próxima a la actual autovía a Madrid. Durante dos días caminaban atravesando la sierra de Malacara en Buñol haciendo noche en la aldea de Mijares o en el antiguo campamento del Frente de Juventudes en Tabarla (¡que horror solo de pensarlo!¡seguro que la líbido montañera se te ponía a cero!). Coronaban la montaña y desandaban lo recorrido. Algún día homenajearemos a estos héroes con la subida a la sierra por esta cara norte, aunque, y que me perdonen mi arrogancia aquellos montañeros, existe la posibilidad de realizar una antológica ruta circular por la sierra, y que evita pasar por aquel museo de los horrores. Tendremos tiempo para hacerlo, sobre todo cuando alargue el día ya que cuesta unas siete u ocho horas hacerla.

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Le tengo mucho cariño a la Sierra Martés. Los lazos que mantengo desde hace casi veinticinco años con Yátova permitieron que fuera una de las primeras montañas que conociera y la he subido tantas veces que ya lo he hecho hasta en bicicleta (bastante durilla por cierto).
Pero en esta ocasión, ante la proximidad de la Navidad, el estómago mandaba. Siempre hemos hecho rutas largas que solo nos han permitido comer encima de cualquier piedra ó debajo de un árbol. La proximidad a la sierra de la remota aldea de Ventagaeta, situada en las faldas de la cara sur de la montaña, nos permitía hacer una relativamente corta ruta (de tres a cuatro horas) y poder disfrutar de una buena comida de hermandad en el estupendo bar del pueblo.

Y es que Ventagaeta es un buen punto de partida para varias excursiones por la zona (sierra Martés, Muela de Albeitar, la rambla Ripia y algunos Pr’s que te desplazan por término de Cortes de Pallás y sus aldeas).

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Para el día de hoy escogimos la variante del Gr-7 que recorre toda la cresta de la sierra, que en una cómoda subida supera los casi cuatrocientos metros de desnivel en poco más de una hora. Al llegar al collado Rodeno abandanamos el Gr que, en una decisión desafortunada de sus creadores, en un largo rodeo sigue por la pista que te sube a las antenas del Noño. Nosotros decidimos abordar directamente desde ese punto la crestería de la sierra por un, en principio, casi inapreciable sendero, que busca rápidamente las preciosas y húmedas rocas de la umbría del pico (bañadas con unos diminutos copos de nieve que habían caído la noche anterior).

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La vista desde el Ñoño, la primera de las cimas a las que llegamos es espectacular. Hablaré de memoria porque hoy soplaba viento de Levante y no hemos tenido mucha visibilidad. Sólo os dire que en un día claro tenéis una perfecta vista de 360 grados de toda la provincia de Valencia y limítrofes, lo cual para los que nos entretenemos divisando los principales picos de la Comunidad, se convierte en un divertido juego.
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Tras el almuerzo echamos un vistazo a una sima de los alrededores y nos encaminamos al segundo de los picos (es un decir), el llamado Pico de los Ajos, lugar donde en la antiguedad hubo un poblado íbero, jamás excavado por la desidia de las diversas administraciones del Estado, y auténtico paraiso para los buscadores furtivos. Ya he dicho antes que conozco mucho esta zona y os puedo asegurar, aunque no seré yo quien denuncie, que aquí se han encontrado cosas valiosísimas, algunas que incluso harían enmudecer al guerrero de Moixent. Lo que si salió a la luz por su extraordinaria importancia es que aquí se encontraron los “plomos ibéricos de Yátova” una de las primeras y escasas muestras de escritura íbera. Sólo a simple vista ya eres capaz de observar miles de restos de cerámica, asi que imaginaros lo que es capaz de encontrar cualquiera que sepa buscar. ¡descorazonador, verdad! En esta ocasión no pude dejar de recordar la visita de hace unos meses al Castellar de Meca. Por cierto, aquí he leído que también hubo un camino de carros que llegaba a la ciudad, pero con tantas pistas y tanta dejadez se perdió irremediablemente.

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Siguiendo la cresta alcanzamos el punto geodésico del pico Martés. Cigarrito de rigor ante el escándalo de los demás. ¡Vamos a ver, amigos montañeros fumadores! ¿Existe mayor placer en esta vida que llegar al punto más alto de tus montañas favoritas y fumarte un cigarro de tu tabaco preferido contemplando las vastas panorámicas? Si, ya se que hay otros cigarros que os gustan más. Pero ¡coño! dejadme estar, la vida es corta y yo la disfruto a mi manera. El día que me deje de fumar igual me dejo la montaña.

De 2007_12_16 Sierra Martés
Por cierto, llegado a este punto, si tu deseo es bajar a Ventagaeta hay que extremar la observación de las señales del Gr-7, ya que es facil que las pierdas y no encuentres la manera de bajar la montaña. Como referencia hay que tener en cuenta una desvencijada caseta con antenas. El camino te llevará al único paso natural de bajada, al no ser que quieras dar tus primeros pasos de alpinismo en los magníficos cortados de la sierra. La luz tamizada del sol sobre las mejores vistas de la sierra del Ave nos acompañaron en la molesta bajada hasta la aldea (fuerte pendiente y terreno muy suelto).
De 2007_12_16 Sierra Martés

Por cierto, como dijo Vicente en Montanejos, ¡la montaña es un pañuelo!. ¡Pues no va y nos encontramos en el bar del pueblo a un amigo mío y a los padres de Ana!

Y así como en Montanejos descubrí mis dotes de celestino aquí me sorprendía con una nueva faceta: ¡la de chivato! Lastima que rompí la imagen de no haber roto un plato nunca de Ana que ellos tenían de ella y su cara de sorpresa al descubrir que en su familia tenían a una aguerrida amazona de la montaña, completamente asilvestrada y que costará mucho de recuperar para la civilización.
De todas manera, después de las dos últimas rutas, juro que permaneceré totalmente callado a partir de la próxima ruta. Nos vemos en Espadilla y su “Peña Saganta” que tanto nos hará disfrutar. ¡Juro que haré un voto de silencio!
De 2007_12_16 Sierra Martés

Si deseáis podeis pinchar en el recuadro de abajo y tendréis un pase de diapositivas de la ruta:

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13 comentarios en “La Sierra Martés – Ventagaeta

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