La Peña Saganta – Espadilla

     Hay quien siempre está mareando la perdiz y nunca es capaz de cazarla.

     Hay para quien cuando no hace calor hace frío.

     Hay quien nunca tiene claro ni lo que va a hacer mañana.

     Hay quien se aprovecha de tu hospitalidad y cree que puede entrar y salir de tu casa cuando le da la gana.

     Hay quien se le hace una montaña el levantarse y disfruta de ella en su cama.

     Hay quien definitivamente izó la bandera de la informalidad y desapareció en sus oscuros intereses.

     Hay quien, consciente de todo ello, calla y siempre perdona.

     Ocho personas habían demostrado su interés por esta ruta. Solo cuatro, aquellos que más claro tienen cual es su plan “A” acudieron a la cita.
     Dos puntos de reunión y silencio de teléfonos. Casi una hora de retraso y motivos para la indignación.
     El abuso de confianza se ha roto y el cielo abierto de brazos los cierra definitivamente.
     Las librerías tienen estupendos libros que sabrán guiaros por las montañas y siempre alguna entidad también podrá hacerlo aligerando vuestros bolsillos.

     Palabras duras que bombardeaban mi cabeza y que afortunadamente se diluyeron en una curva del camino cuando la poderosa mole de la Peña Saganta inundó nuestros ojos con el ungüento de la milagrosa medicina.

     Y es que la montaña siempre actúa como la mejor ONG para el estado de ánimo…

     Ella siempre entrega y nunca pasa bandeja. Más ó menos, como nosotros, ¿no es así?

     Allí, en lo más recóndito de Espadán, la parte norte de la sierra se presenta como la cara oculta de la Luna del senderismo valenciano. Allí mandamos en esta ocasión nuestra nave Apolo y visto lo visto volverán más expediciones.

     Y eso que nada más comenzar tuvimos nuestro “Huston, tenemos un problema”: en las exigentes rampas de ascensión al castillo tuve una bajada de azucar, por primera vez en mi vida montañera (¿tendría algo que ver el disgusto de la mañana?).

     Ni la glucosa, que suelo guardar en los bolsillos de la mochila para los ocasionales acompañantes con problemas, conseguía que pudiera alzar el vuelo. A duras penas conseguí llegar a la crestería del castillo musulmán.

     Con el sacrilegio de un buen bocadillo de chorizo y la bendición de las nieves del Penyagolosa conseguí ahuyentar a los malos espíritus y abordar el magnífico sendero de herradura, que ha conseguido recuperar el Ayuntamiento de Espadilla y que antiguamente les comunicaba con la población de Ayodar.

     Dos horas te lleva la ascensión a la Peña Saganta. El sendero salva los seiscientos metros de desnivel con un fenomenal rodeo por su parte sur que resulta ser su única accesible. Las umbrías te regalan los mejores deseos de Espadán. Las solanas, desgraciadamente, hace años sufrieron un pavoroso incendio del que rápidamente van recuperandose. Hasta la vegetación parecía iba creciendo a nuestros pies, erectos los pequeños pinos, yo no se si animados por las excitantes conversaciones del amigo Tomás, todo un catedrático del erotismo, que haría enmudecer al mismísimo Luis García Berlanga.

     Llegados a la cima, la sorpresa de una vasta vista inusual. Todo Espadán se rinde a tus piés y despista tanto el observarla desde este lado que hasta cuesta descubrir sus principales atributos. Al fondo el poderoso surco del río Pequeño, que parece que fuera bautizado con su nombre desde aquí. Al norte te rinde pleitesía la comarca del Alto Mijares y la del Alcalatén, quizás la más olvidada por el montañismo valenciano en sus publicaciones ó en el marcaje de sus senderos, y que poco a poco, con la excitación que produce la curiosidad por lo remoto, muy modestamente estamos empezando a conocer (qué gratos momentos los de este verano en el chorrador de Zucaina y el curso del río Villahermosa).

     La vuelta al pueblo por el barranco de la Piqueta guarda algunos tesoros que son de los que crean afición (las poderosas vistas de la Peña y del Castillo, las umbrías, el mismo sendero en sí…).

     Espectáculo que nunca conocerán los que enturbiaron el principio de la crónica.

     Dicen que no se siente lo que no se ve pero….

 ¡qué ricos de sensaciones volvimos los que fuimos!

Podéis ver muchas más fotos picando en la de abajo:

2007_12_27 La Peña Saganta

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5 comentarios en “La Peña Saganta – Espadilla

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